Palabras



Los dos habían permanecido durante años entre los murmullos del viento al jugar con las hojas de los árboles, la frescura de la lluvia en primavera y resguardados de la espesura de la nieve en invierno. Nunca se vieron, pero les solían visitar los mismos seres que allí habitaban, y en ocasiones, cuidaban de los mismos polluelos hasta su partida del nido. Pero no siempre era una vida tan dócil. Su peor enemigo era aquel que ensuciaba sus aguas y los devoraban con lenguas de fuego.

Las mismas manos que llegaron al lugar y los arrancaron de su mundo.

Su nuevo nacimiento, fue duro y largo, pero era necesario para cumplir un destino al que no estaban preparados. Y por fin, allí estaban. Quizás, algún día se encontrarían, todo era esperar a que alguien tuviera algo que contar.

Los días pasaban monótonos, sin nadie con quien compartir, ya que las relaciones se perdían continuamente. Cuando alguien los acercaba, otros los alejaban. De todos modos, y creyendo conocer el destino de otras, ella se sentía, de todas formas, afortunada.

Y llegó el momento.

La primera vez que estuvieron cerca y sus miradas se rozaron, sabían que de ese encuentro nacería algo que todavía desconocían. Podría ser el amor, pero también el odio, o quizás el olvido y la indiferencia.

Cuando ella se desplegó delante de él, mostró su blanca y sedosa textura. Tan virgen, que en ocasiones la inquietaba, esperando estremecida su contacto.

Había conocido a otras que, después de estos encuentros, se les arrancaba, se les rompía, para acabar en el peor de los destinos. Con suerte volverían a renacer, pero ya nunca serían las mismas. En cambio, también había quienes contaban que al llegar a la plenitud de todo lo que podían aportar, eran felices, y descansaban a la espera que alguien quisiera escuchar las historias que habían nacido en ellas.

Decían que estos contactos podían ser duros e hirientes, maltratando su delicadeza. O también, tan blandos que apenas dejaría recuerdo en ella. Lo ideal, sería un contacto suficientemente intenso para imprimir su huella, pero suave como una caricia.

Pero claro, no siempre dependía de aquel que buscaba el contacto, sino del amo y señor de ambos. Este, podía tener la mente de un niño, o la de un anciano. La sabiduría de un filósofo, o la inteligencia de un maestro. Podía ser un poeta o un asesino... Por todo ello tenía miedo a que, por una relación a la cual se vería obligada se convirtiese en alguien odiada.

Él sabía que, acercándose hacia ella, significaría que poco a poco, su cuerpo se iría consumiendo para que cuando dejase de ser útil, acabar desechado. Pero ese era su destino y lo deseaba con plenitud. Prefería una vida intensa y breve que días eternos, olvidado, solo. Porque no desaparecería del todo. Porque parte de él, serían las sensaciones que llenarían la vida de ella, y esa sería su mejor forma de desaparecer.

 Como ella, también sufría pensando en cómo sería su amo. Como fiel sirviente, nunca se podría negar a seguir los movimientos de su mano. Pero le gustaría  moldear palabras hermosas, historias verdaderas, que no ofendiesen a nadie, sino todo lo contrario, que emocionasen y fueran queridas. Y, sobre todo, recordadas.

Y el contacto llegó al fin.  El amo lo cogió firmemente, aunque sin dureza, y lo fundió con ella, quien se resignó esperando a esa plenitud, una plenitud completa y hermosa. Él temeroso, deseó compartir los sueños de ella sin saber a qué se enfrentaba, y… se deslizó sobre su textura.

Su roce era suave en ocasiones, e intensa en otras, pero siempre delicado. El carboncillo del lápiz se unió a la textura de la página cubriéndola de palabras y de líneas. Encuentros breves y profundos, o largos y tranquilos, formando todo un mundo maravilloso de palabras que hablaban de historias, de pensamientos...  Y ella se llenó de palabras, que le susurraba el lápiz, que eran creadas por el escritor.

Al cabo del tiempo, esas páginas eran visitadas por lectores, y en ellas, encontraban las historias contadas por un escritor, entre la delicada textura de ella, y el carboncillo de un cuerpo consumido por el sueño de poetas, maestros y filósofos.


Josesraz 

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